Palabras de Javier Sicilia en la ceremonia de instalación de las mesas con el poder Ejecutivo

Señor Secretario, señores funcionarios, Compañeros del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad

Antes de dar inicio a esta mesa queremos citar unos versos del poeta Miguel Hernández: “No hay extensión más grande que esta herida,/ lloramos nuestra desventura y sus conjuntos/ y sentimos más la muerte que la vida”. Por ello, pido a todos los aquí presentes nos pongamos de pie y guardemos un minuto de silencio por nuestros muertos y nuestros dolores.

Llegamos a la instalación de esta mesa de seguimiento del diálogo que dio inicio en el Castillo de Chapultepec entre el Gobierno Federal y el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, con la esperanza de que este esfuerzo sirva en verdad para detener la violencia en nuestro país. Llegamos a este Museo de Antropología –que resguarda la memoria de nuestras raíces– con el corazón aún más lastimado que el pasado 23 de junio en que nos encontramos con el presidente Felipe Calderón. Al día de hoy han muerto miles de mexicanos a manos de otros mexicanos, centenares de ciudadanos y de migrantes centroamericanos han sufrido secuestros y desapariciones forzosas en la oscuridad de esta terrible noche que vive nuestra patria y que el mundo observa con perplejidad y tristeza.

Cada uno de los desaparecidos y asesinados en nuestro país es una prueba brutal de la profunda equivocación de la estrategia contra el crimen organizado y de la absurda imposición que de esa estrategia ha hecho el Gobierno de los Estados Unidos de América, y confirma la incapacidad del gobierno que ustedes encabezan para garantizar la paz y la seguridad, las libertades y los derechos, el desarrollo social y la prosperidad de los mexicanos. No hay progreso social en la guerra: las balas imposibilitan el derecho a la vida y violentan el ejercicio pleno de todos los demás. No hay desgarramiento más grande para una nación ni muestra más fehaciente del fracaso de la generación que la encabeza que la guerra civil, y nosotros padecemos una particularmente sangrienta y sin objeto claro.

Hemos oído diferentes explicaciones y distintos repartos de la culpa.

Nosotros no pensamos que la responsabilidad es de una sola persona.

Entendemos que se trata de un problema complejo, de orden social y político, humano e incluso espiritual. No creemos que señalar con el dedo ni pedir cabezas sea una solución seria. Preferimos unir nuestra energía en favor de la fraternidad y no de la confrontación. No vamos a renunciar al diálogo con nadie y lo vamos a buscar con todos, porque la causa de la paz nace del reconocimiento de la humanidad del otro, y reconocer su humanidad implica escuchar sus palabras y estar dispuesto al intercambio de ideas y acuerdos en beneficio de todos los mexicanos.

El Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad ha nacido de las víctimas de la violencia, personas de distintas condiciones sociales, ideas y credos, que hemos perdido seres queridos en esta espiral de odio y destrucción. Somos familiares de policías muertos en el cumplimiento de su deber y tratados con la misma impunidad, de secuestrados y secuestradas, de desaparecidos y desaparecidas, de acribillados y acribilladas, de torturados torturadas, de asesinados y asesinadas, de mujeres vulneradas y martirizadas hasta la muerte. Nos acompañan otros que sienten empatía con nosotros, gente generosa capaz de ponerse en nuestros zapatos y entender que en esta guerra todos, en mayor o menor medida, somos víctimas, y que nuestro fin es el bien común: profesionistas, académicos, defensores de derechos humanos, estudiantes, trabajadores, campesinos, comerciantes, artistas, intelectuales, poetas, vecinos y amigos. Lo que entre todos reclamamos hoy es que se escuche a las víctimas de la guerra y se reconozca su existencia y el derecho que tienen a la justicia, a la dignidad, a la atención por parte del Estado y a la solidaridad de toda la sociedad.

Nuestro Movimiento no sólo se conforma con la atención de las víctimas, pues no nos reúne exclusivamente el deseo de brindarnos apoyo en la resolución de nuestros casos particulares. Hemos pasado del caso de mi hijo Juan Francisco y de sus amigos, Gabriel, Julio y Luis, a la acción cívica, y de ésta, que continuamos, al de los casos específicos que presentamos en el discurso del 8 de mayo y en el Alcazar del Castillo el 22 de junio, y de ellos al de todas las víctimas de este país. Tanto dolor no ha sido ni es evitable. Lo que venimos a decir y defender aquí de nuevo, en esta instalación de las mesas de trabajo, es que la paz es posible y necesaria. No nos conformamos con paliativos, no queremos “humanizar” esta guerra, ni permitiremos que nadie se aproveche o lucre con nuestro dolor: les exigimos a ustedes que cumplan su función social como garantes de la seguridad, los derechos y las libertades de las personas. Nuestro objetivo no se limita únicamente a procurarnos justicia, sino a exigir un cambio profundo de las políticas de seguridad pública. Un cambio, mediante el cual pasemos de modelos militaristas y policíacos, que tanta sangre nos está costando, a modelos que privilegien la salud del tejido social y que partan de considerar y estimular la vida comunitaria y la participación ciudadana.

Han tenido suficiente tiempo para poner a prueba sus tesis belicistas, un tiempo demasiado largo y con altísimo costo de vidas. Las autoridades, ustedes o quienes los releven en el cargo, y la sociedad toda, deberemos emprender tarde o temprano el camino de la paz. Nosotros comenzamos a andar juntos por este camino desde el mes de abril, y por este camino llegamos hasta este museo, emblema de fundaciones, para inaugurar estas mesas de trabajo que no serán una mera continuación del primer diálogo con el Ejecutivo Federal en el Castillo de Chapultepec, sino la profundización de un diálogo que reconozca la existencia de una emergencia nacional, que urja a los poderes ejecutivos federal, estatales y municipales a asumir sus responsabilidades, que den respuestas claras y decisivas a los familiares de las víctimas y que de inmediato pongan en marcha acciones en favor de la convivencia. Su objetivo es generar procesos y acciones que vayan abriendo paso a la paz con justicia y dignidad que la ciudadanía reclama y al segundo diálogo concertado con el Poder Ejecutivo para el 23 de septiembre en el mismo Alcazar del Castillo de Chapultepec.

Las mesas serán cuatro.

Mesa 1. Gestión de justicia no sólo de los casos específicos que visibilizamos en el documento del 8 de mayo y en el Alcazar del Castillo de Chapultepec, sino de todos los que han sido objeto de esta absurda estrategia de guerra. Lo que implica no sólo la solución jurídica de los casos específicos, sino también a) la creación de una estrategia de clasificación de los diversos casos según las problemáticas y los agresores responsables (aparatos de Estado, crimen organizado, crímenes menores que son producto de los vacíos y de las impunidades) y la identificación de los responsables; b) las vinculaciones e informaciones entre las diversas dependencias para la profundidad en las averiguaciones; c) iniciativas que permitan a las procuradurías estatales y los ministerios públicos realizar el trabajo que no están haciendo (tema que, entre otros, será motivo de nuestro diálogo con Conago); d) elaboración de manuales y recomendaciones sobre los modelos en que operan las diversas ramas del crimen organizado y menor.

Mesa 2. Nuevo modelo nacional de relación, valoración y justicia a los derechos de las víctimas. Para nosotros, y para la ciudadanía entera, no basta el avance en la Justicia estructural que atienda las causas y garantice la vigencia de los derechos violados de las víctimas. Por ello, en esta mesa queremos reflexionar y acordar respecto de: 1) El perdón del Estado. Aunque en el Alcazar del Castillo de Chapultepec, el Presidente de la República pidió perdón por no haber cuidado la seguridad de los ciudadanos, ese reconocimiento no es aún cabal ni profundo. Por ello, exigimos que se reconozca plenamente la deuda que el Estado tiene con las víctimas, con sus familias y con la sociedad entera. Insistimos en que el Presidente, en su calidad de representante del Estado Mexicano, está obligado a pedir un sincero perdón a la nación, en particular a las víctimas, porque aunque la violencia se atribuye a los criminales, la estrategia para enfrentarlos también ha sido causa de agresiones que es necesario reconocer. 2) La visivilización de las víctimas, mediante la creación de un organismo ciudadano autónomo –una Comisión de la Verdad, la Justicia y la Reconciliación o una Fiscalía Social de la Paz—cuya función sea establecer y vigilar el cumplimiento del quehacer público en la visivilización de todas las víctimas –sean inocentes o culpables–, investigaciones y sentencias e indemnizaciones a las familias de los inocentes. 3) Crear una Ley de Víctimas que las atienda y las proteja –ley que debe ser creada y aprobada lo más pronto posible por todos los poderes de todas las entidades y generar así una política pública (instituciones, normas y recursos) especializada en el acompañamiento y la protección de las víctimas, mediante un programe que obligue a las autoridades correspondientes a reparar lo que esta guerra y la impunidad está causando en las familias. Es indispensable también crear un mecanismo de protección a periodistas y defensores de derechos humanos. 4) Establecer mecanismos para sancionar a los funcionarios involucrados en redes de complicidad o delitos de omisión. 5) Hacer un seguimiento del video de los dolores que recogimos en la Caravana del Consuelo y que le entregamos al Presidente de la República con la solicitud de que se pasará en todas las secundarias y preparatorias del país, y se hicieran mesas de reflexión y análisis con los alumnos, a fin de recuperar nuestra memoria y de ayudar a que esta realidad se detenga y no se repita nunca más.

Mesa 3. Nuevo Modelo de Estrategia de Seguridad que se oriente a los Derechos Humanos y a la Paz. A pesar de la actitud del Presidente de la República de mantener su estrategia de seguridad, una estrategia a todas luces fallida en el dolor, el sufrimiento y el horror que vivimos, urge detener esta guerra y encontrar condiciones para hacer una paz con justicia y dignidad. Para ello es necesario terminar con el enfoque militarista de combate al crimen organizado mediante un enfoque más amplio y estructural que contenga: 1) El diagnóstico de las causas de la violencia. 2) El diseño de una estrategia que parta de los conceptos de seguridad humana y ciudadana, con un énfasis absoluto en los derechos humanos, y no en la seguridad de las instituciones y en la violencia armada, como hasta ahora se ha hecho para nuestra desgracia. 3) El diseño de estrategias alternativas y ciudadanas que, con el apoyo del Estado y en acuerdo con las necesidades de cada lugar, apunten a la reconstrucción del tejido social y conduzcan al retiro paulatino del ejército de las calles. 4) La generación de mecanismos para abrir foros de debate sobre la despenalización de ciertas drogas y la reducción de su demanda. 5) La creación de controles democráticos de nuestras policías mediante, por ejemplo, un Auditor Policíaco Independiente de la Policía Federal, y crear padrones de seguimiento para saber dónde se encuentran los policías que no pasaron las pruebas de confianza. 6) La propuesta de una iniciativa que aumente y redefina los recursos económicos y las matrículas, porque les estamos cerrando el porvenir a nuestros niños y jóvenes. Ellos se están convirtiendo en la mayoría de las víctimas de esta guerra porque son desaparecidos y asesinados o porque se vuelven el ejército de reserva de la delincuencia. No podemos aceptar más que el destino de nuestros hijos y de nuestros nietos sea la migración, la miseria o la violencia.

Mesa 4. Impulso de mecanismos de Democracia Participativa y Democratización de Medios. Exigimos una renovación profunda del sistema político mexicano, una renovación que permita empoderar a la ciudadanía en los asuntos del buen gobierno y permita así poner un coto a la partidocracia que tanto daño está haciendo y que irremisiblemente hara que las próximas elecciones sean las de la ignominia. Para ello proponemos condiciones que permitan la revocación de mandato, el referéndum, la consulta y la iniciativa ciudadana, el plebiscito, el voto blanco, las candidaturas ciudadanas, la reelección razonada, la limitación del fuero y las acciones colectivas amplias e incluyentes.

Estas son las demandas de la ciudadanía que expresamos en nuestro primer diálogo con el Poder Ejecutivo y que mantenemos vigentes como herramientas indispensables para que podamos hablar de un proyecto consensado de país.

Esperamos que los trabajos de estas mesas puedan ser fructíferos y permitan poner un poco de ese suelo que ya no sentimos bajo nuestros pies y que corre el peligro de llevar a la nación a la muerte de la democracia y al desastre del nihilismo y del autoritarismo.

México D.F. Museo de Antropología 21 de julio de 2011

Información difundida por el Área de Comunicación y Visibilidad de Cencos

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