Cherán libra su propia guerra contra injusticia y talamontes

Caravana por la Paz con Justicia y Dignidad arriba a la comunidad

Foto

Un grupo de pequeños asistentes al mitin realizado en la comunidad michoacana de Cherán
Foto Víctor Camacho
Alonso Urrutia
Enviado
Periódico La Jornada
Lunes 27 de junio de 2011, p. 10

Cherán, Mich., 26 de junio. A la distancia, en plena meseta purépecha,  se avizora una primera barricada; es el aviso de que se ha llegado a Cherán. Parece abandonada, pero la presencia de algunos miembros de la ronda comunitaria es la primera expresión del pueblo levantado. Conforme se avanza, hombres y niños embozados con paliacates en el rostro, así como mujeres afanosas en la alimentación de quienes defienden la comunidad, conforman la estructura popular para la autodefensa de sus tierras contra el crimen organizado.

Una caravana del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad –sin la presencia del poeta Javier Sicilia– llegó al pueblo para expresar su solidaridad y es una tregua en la zozobra que Cherán vive desde abril, cuando se levantaron hartos de que los talamontes devoraran sus bosques. Desde entonces, la comunidad se ha reorganizado en una asamblea que encabeza la resistencia frente a la pasividad, complicidad o ambas, de los gobiernos (federal, del estado y municipal).

Sobre Independencia, la calle principal del pueblo, hay varias barricadas de  palos y llantas quemadas (fogatas, les dicen los comuneros) para detener al enemigo.

–¿Enemigo? –se les inquiere.

–Sí, así le decimos. Es el que tala montes, el que se ha apropiado del manantial, pero también el alcalde que no gobierna— Responde Marisela, quien detiene la preparación de tortillas para explicar que el pueblo está harto de que devoren sus cerros los talamontes, entregados en paga por el alcalde priísta Roberto Bautista, con el que tienen un oscuro contubernio, según dice, pues apenas llegó al poder, en 2008, el cerro San José fue arrasado, y cuando quisieron continuar se precipitó el levantamiento popular.

Alicia Lemus es una indígena purépecha con maestría en historia cursada en España, quien regresó para trabajar con su pueblo. Comenta que cuando ya se habían acabado el cerro de San José quisieron seguir con el que es llamado el de La Cofradía, y entonces reventó la situación ante la inacción de los gobiernos federal y estatal.

Paradoja del calderonismo, los indígenas de Cherán han solicitado la presencia militar para proteger sus bosques y dos meses después los soldados no han llegado. No queremos a los militares en el pueblo, porque ya vimos que en Ciudad Juárez, entre el fuego cruzado la que pierde es la población, pero sí para proteger nuestros bosques, para defender nuestras tierras.

Los pobladores de Cherán dejaron de lado sus pleitos por sus filias políticas para asumir la defensa del pueblo. Y ahora la asamblea comunal ya ha mandado decir a la autoridad electoral que en noviembre no habrá elecciones. “¿Para qué –se preguntan– si los partidos políticos solamente nos dividen?”

Cherán vive desde hace dos meses con una autoridad en construcción. A falta de síndico, una comisión de honor y justicia; a falta de alcalde, la asamblea popular. Un pueblo sin gobierno que busca gobernarse a sí mismo. Su prioridad: la seguridad de la comunidad, y para ello se ha creado la ronda, que controla las 200 fogatas dispersas por todo el poblado con la consigna de estrechar la vigilancia, calle por calle, barrio por barrio.

–¿Un pueblo cercado?

–Pues desde afuera así se ve, es un pueblo organizado –responde Lemus.

Ciertamente la seguridad es la prioridad. Por ello los hombres del pueblo deambulan a todas horas, embozados y sólo con un improvisado gafete: ronda comunitaria, suficiente para la vigilancia. Es la nueva policía, que sólo se defiende con palos.

La llegada de la caravana es motivo de fiesta popular. En estos tiempos aciagos para Cherán, la solidaridad refresca el espíritu comunitario. Música, bailes, comida y también evocación de sus muertos y desaparecidos, que se conjugan con expresiones solidarias de las diversas organizaciones representadas.

De acuerdo con la idiosincrasia popular, coexisten cantos y poemas; el testimonio de Zenaida Vázquez, cuyo esposo, Domingo Chávez, apareció hace 22 días con el rostro y los pies quemados: fue asesinado de un balazo, según la autopsia. La inverosímil versión del alcalde fue que se trató de un accidente.

Mary es otra mujer purépecha que ha padecido la violencia. Su esposo, Rafael García, está desaparecido. Un día salió a su parcela junto con su caballo y no se ha sabido más de él.

Seguiremos atrincherados

Aunque la seguridad corre a cargo de los hombres del pueblo, la participación femenina ha sido un catalizador de la ira popular. Fueron ellas las que un buen día, cuando se dieron cuenta de que a todas horas bajaban camionetas repletas de madera, decidieron poner fin a la situación. Yolanda, sexagenaria ella, participó con piedras y palos en la insurrección contra los talamontes.

Entonces cayeron en cuenta de cuánto se había descompuesto la situación. El crimen organizado cobra a los talamontes mil pesos por cada camioneta cargada, lo que incluye la protección armada para asegurar el saqueo de madero, cobro de extorsiones a negocios, secuestros, robos.

Así transcurre la vida en Cherán, mientras los gobiernos meditan cuándo cumplirán sus promesas de instalar las denominadas bases de operación mixta (Ejército, Policía Federal y la estatal). Mientras, Cherán resiste atrincherado con la esperanza de que no haya un muerto ni un desaparecido más.

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